Los estudiantes trabajadores como clientes de una nueva educación superior privada

La necesidad de un mayor acceso a la educación universitaria y superior generó la proliferación de las universidades privadas que ahora juegan un papel importantísimo en la economía de los países latinoamericanos. Nuestro colaborador y especialista en temas educativos, Dr. Claudio Rama, nos entrega un análisis de esta realidad.

Por: Claudio Rama Vitale

La expansión superior privada se dinamiza en la década del sesenta, como resultado de las limitaciones presupuestales por los gobiernos latinoamericanos para cubrir las nuevas demandas de educación y las propias demandas de los sectores sociales altos de estructurar una educación de elites. Esa mercantilización de la educación superior se expresó en una creciente creación de instituciones privadas las cuales competieron a través de múltiples mecanismos para captar una parte creciente de los nuevos estudiantes.

Así las modalidades de competencia contribuyeron decididamente a abrir espacios de acceso que permitieron el ingreso de nuevos estudiantes con perfiles sociales, culturales, geográficos y económicos diferentes a sus tradicionales patrones. La educación privada, hasta entonces de elites y de calidad, dominantemente localizada en las instituciones religiosas, comenzó ha sufrir un proceso de transformación que terminaron creando dos sectores altamente diferenciados y partes de circuitos de escolarización distintos. La Universidad privada que de calidad y para ricos, y lentamente se fragmentó en una educación de calidad y otra de absorción de demanda con menos nivel académico y más barata.

En su primer momento a pesar de no existir en las instituciones públicas mecanismos de selección ni restricciones al libre ingreso, la propia dinámica de cogestión universitaria fue generando un conjunto de beneficios para los trabajadores y profesores que dificultaron fuertemente la apertura de cursos nocturnos en muchas de las tradicionales instituciones universitarias. Inclusive aún hoy ello se mantiene como en el caso de las Universidades públicas del Brasil.

El sector privado en su lógica de mercado, buscó encontrar nichos para su expansión y en tal contexto promovió la oferta de cursos nocturnos e inclusive sabatinos, lo cual permitió el acceso de estudiantes trabajadores que introdujeron nuevos perfiles sociales. Fueron estas nuevas demandas por educación y las restricciones financieras de las instituciones universitarias públicas las determinantes centrales que articularon la expansión de la educación privada que se focalizó tanto en la absorción de la demanda de aquellos que no podían ingresar a la educación gratuita como en una educación cara de calidad para las elites.

Al expandirse la educación privada su tradicional perfil estudiantil de dedicación exclusiva y mantenido por su familia, comenzó a cambiar radicalmente hacia un estudiante que crecientemente trabajaba para mantener sus estudios. Pero al mismo tiempo desde el otro lado del tema el establecimiento de los exámenes de ingreso de aptitudes en las tradicionales Universidades públicas contribuyó a una fuerte elitización de dichas universidades públicas, ya que los mecanismos de ingreso privilegiaban a sus tradicionales estudiantes provenientes de los hogares con mayores stocks de capital cultural.

Los Gobiernos y las Universidades respondieron complejamente asociados a los recursos financieros y las variables políticas. En algunos países los gobiernos promovieron una diferenciación de las educación pública a través de la creación de nuevas instituciones, mayoritariamente con menos niveles de calidad, menos autonomía y más orientadas al mercado como en Venezuela y México.

Las Universidades por su parte propendieron muchas de ellas a sobre expandirse y conformarse como macrouniversidades en el marco de la gratuidad. Sin embargo, más allá de esta diferenciación pública, la tendencia dominante del ajuste de la oferta a una demanda creciente, fue en toda la región, a través del notable y continuo proceso de expansión de la educación privada.

En 1960 ésta representaba el 16% de la matrícula regional, pasó al 38% en 1995 para continuar en un proceso de constante crecimiento y alcanzar a 47% en el 2003. La matrícula de educación ha crecido entre 1994 y 2003 en 82,5%, de este porcentaje corresponde 45,9 al crecimiento de la matrícula en el sector privado y 36,6 al crecimiento de la matrícula en el sector estatal.

En los últimos tres años se ha enlentecido significativamente el crecimiento de la cobertura privada: de los 36,5 puntos de crecimiento de la matrícula total entre 1994 y 1999, 21,8 puntos corresponden al sector privado y 15,6 al sector estatal. En tanto en la segunda fase entre 1999 y el 2003 de los 45 puntos de crecimiento de la matrícula total, 24 corresponden al sector privado y 21 al sector estatal. Hoy la región está en un contexto nuevo donde la educación superior privada ocupa casi a la mitad de los estudiantes universitarios, y que expresa una nueva realidad educativa y también una estructura del estudiantado y de sus expresiones gremiales distintas.

La expansión de la educación privada ha sido la causalidad dominante del incremento de la cobertura y de la amplia movilidad social de las personas. Durante el período de referencia la expansión de la matrícula ha sido en ambos sectores, pero el crecimiento del sector privado ha sido en todo el período sostenidamente mayor que el incremento en el sector estatal, aunque como referimos tienden a acercarse los ritmos de crecimiento en los últimos tres años.

El pago de matrícula no expresa en este contexto la existencia de sectores de altos ingresos, sino de sectores trabajadores ya que como referimos la expansión privada ha sido resultado de un cambio en los patrones de gastos de las familias. A su vez el nuevo escenario al interior de la educación privada expresado en el pago de matrícula para el acceso al servicio educativo, ha redundado en una predisposición a un uso más eficiente de los recursos expresado en menores tiempos de estudio y tasas de graduación más altas.

Es una población estudiantil trabajadora, muchas veces de padres y no de hijos, que estudia de noche, que selecciona carreras más profesionalizantes y menos académicas, menos asociada a las instituciones y más credencionalista. En el caso del Caribe, el 70% de los estudiantes trabajan. Si la teorías del capital humano no ser eficaces para analizar el comportamiento de los estudiantes diurnos de pregrado procedentes de hogares localizados en los quintiles de ingresos más altos, en el caso de estos nuevos estudiantes, todo parece visualizar que sus demandas educativas están asociadas a los beneficios futuros esperados. La dinámica de estudiantes trabajadores está asociada también a un cambio en el perfil de edades de los estudiantes que tienden a ser más adultos. En Argentina por ejemplo, ya el 11% de los estudiantes tienen más de 30 años.