El marketing y la publicidad se construyen sobre emociones, no sobre productos o servicios educacionales. Los jóvenes necesitan obtener experiencias inmediatas, intensas y cortas. Los productos o servicios sólo existen en las mentes y en los corazones de quienes creen en ellos. Vivimos una sociedad de sensaciones, de sentimientos y fantasía. Es la era del afecto.
Lo vemos a diario en Internet con las comunidades y las redes sociales. Los jóvenes quieren que les presten atención y ser acogidas por el grupo. Aunque sólo sea un poco de emoción virtual.
La clave de la publicidad actual consiste en proporcionar sueños a la gente joven, que los emocionen, les interesen y les hagan reaccionar. Todos quieren emocionarse. Que les presten atención. Lo demás no importa. Triunfan los mensajes emocionales. Vivimos el protagonismo de las emociones en la sociedad.
Cuando realizamos publicidad del tipo emocional despertamos sensaciones y estímulos. Desde niños, los mitos, los cuentos y las leyendas fueron parte de nuestra vida e incentivaron nuestra imaginación.
Debemos conectarnos emocionalmente con los jóvenes, con aquellos mecanismos de la mente humana que se relacionan con la satisfacción simbólica y las emociones.
Las emociones influyen en nuestros deseos, motivaciones y comportamiento, a fin de cuentas, la razón de ser de la publicidad y el marketing no es otra que persuadir, motivar y vender. Provocar interés, curiosidad o deseo. Pero de nada sirve este esfuerzo sino logramos producir una asociación emotiva favorable con la marca educacional. Los avisos que logran provocar respuestas emocionales favorables son más memorables y efectivos.
Al realizar publicidad, tenemos que competir sobre la base de los sentimientos, de la fantasía, de la emoción y la imaginación. Porque al final, lo único que importa son las personas y la vida misma es emoción.
Herman Bustos – Chile
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