Actualmente la alta competitividad entre las instituciones educacionales permite que el joven se enfrente a infinitas alternativas de productos, servicios, marcas educacionales y, por consiguiente, está inmerso en agresivas estrategias de precios y comunicaciones publicitarias por parte de las organizaciones académicas.
Atrás quedaron los tiempos en que el eje de toda estrategia era el producto académico mismo. Ahora el centro del negocio está en el joven-usuario, en las personas que conforman el mercado y que se encuentran fragmentados por definidos segmentos que implican comportamientos muy distintos.
Ofrecer productos o servicios académicos para todo el mundo ya no es posible. Las instituciones desarrollan diferentes propuestas de valor, orientadas a esos grupos específicos de personas, como una forma de diferenciarse. La mujer quiere decidir su propia vida, estudiar una carrera, desarrollarse profesionalmente, tener un trabajo estable y también formar una familia y tener hijos.
Para llegar a los jóvenes, a la llamada generación de recambio, es necesario entenderlos y saber quiénes son realmente, qué los motiva, qué piensan, qué buscan y a qué aspiran en la vida.
Por otra parte, el nivel medio bajo, es un consumidor emergente con un mayor acceso al crédito, mejor calidad de vida, ha cambiado sus hábitos, tiene nuevas aspiraciones, y busca símbolos de status, accediendo a servicios que antes sólo estaban destinados a los niveles más altos. Cada uno de estos segmentos, como muchos otros tienen, además, sus propios nichos que hacen más específica la fragmentación del mercado.
Los especialistas en marketing educacional deben tener la capacidad para ver las señales que los distintos segmentos envían, interpretarlas correctamente y generar respuestas correctas y eficientes a través de sus estrategias para lograr cercanía con ese joven y una acertada comprensión de sus deseos e intereses.
En este mercado tan competitivo, se requiere una correcta orientación al “cliente”, esos grupos de personas que tienen aspectos en común. Conocer cómo piensan, qué sienten, cuáles son sus sueños. Las marcas educacionales deben estar en el corazón de esos jóvenes estableciendo una fuerte conexión emocional.
Desde ese punto de vista la institución entera y cada uno de sus componentes forman un todo y el marketing educacional lentamente se va fundiendo con el llamado “servicio al cliente”, ¿Dónde empieza uno y termina el otro?, la clave es el impacto que se quiere tener en la mente del joven.
Herman Bustos – Chile
Logros: Tu profesión. Tu éxito. Somos un medio alternativo muy segmentado diseñado especialmente para los centros de educación superior, así como para las academias y centros pre, centros de idiomas, y cualquier empresa cuyo público objetivo sean los jóvenes entre los 13 y 26 (90%) años aproximadamente, lo padres de familia (5%) y los profesores (5%), de todos los niveles socio económicos.