Cuando hablamos de Marketing Educacional para instituciones de educación superior privada me pregunto si los encargados del área estarán conscientes del inmenso mundo competitivo en que están insertos. Los avisos en los medios de comunicación sólo son una parte de este campo de batalla que se encuentra formado por las siguientes variables: el diseño de las carreras, la garantía que tienen los estudiantes por los académicos que la componen, sus actividades e infraestructura, además, lo que llamaríamos el servicio postventa en su conexión con el mundo laboral real, también en la imagen de marca corporativa que están proyectando y finalmente, en la oferta de financiación que ofrecen.
La pregunta es: ¿Cómo lograr que una empresa educacional, ya sea universidad o instituto y sus productos sean una opción única?
En los actuales tiempos, la innovación educacional implica la creación de contextos que permitan una constante creatividad, en lugar de darse vuelta en lo mismo u ofrecer un servicio estándar, como todos. Las organizaciones necesitan ser diferentes y trabajar de forma nueva. La innovación “evolucionaria”, es una necesidad para seguir vigente y construir una marca educacional que sea sólida en el tiempo. La educación superior siempre es un factor competitivo para quiénes dictan las carreras. La forma en que dirigen, orientan su quehacer y organizan su trabajo, es clave a la hora de lograr o no buenos resultados en el tiempo.
El mundo de la educación superior debe volverse un lugar más interesante: un lugar para emprendedores creativos que corran el riesgo, para el talento vivo. El factor humano creativo es el capital del negocio de la educación moderna. Atreverse a no hacer negocios como siempre, sino que a promover el talento humano generador de nuevas ideas y crear nuevos negocios que sorprendan.
El valor de una institución educacional está en las ideas, el servicio y un marketing dirigido a nichos muy específicos, desde donde se esté ofreciendo algo diferente para atraer a los postulantes.
La clave del éxito en la gestión académica ya no son los modernos equipos tecnológicos o los grandes conceptos burocráticos, sino la habilidad de sus integrantes de generar nuevas ideas que garanticen que el producto educacional y sus servicios se mantengan vigentes dentro del mercado con una visión fresca y desafiante.
La globalización, la tecnología, el cambio, los nuevos valores de las personas y el conocimiento, como factor de competitividad, están dando lugar a un mundo complejo e inestable con nuevas reglas del juego que obligan a un cambio de paradigma. Hablamos de un mundo lleno de dinámicas, no de una situación estática.
Muchas instituciones educacionales están sufriendo “deseconomías” a escala: crecen y crecen hasta llegar a un nivel de incompetencia. Para tener éxito, las organizaciones educacionales deben realizar una doble tarea: alinear a los talentos con la misión y la estrategia corporativa y crear nuevos nichos de clientes.
Están cambiando las reglas de la oferta y la demanda educacional porque existe la libertad de elegir por parte de los postulantes. Los cambios sociales en la forma de actuar, las expectativas, el exceso y la sobreoferta se convierten en la nueva forma de vida de los negocios en la educación. La antigua complacencia de las grandes corporaciones educacionales ha generado inseguridad ante las organizaciones emergentes que entran a la competencia por la educación.
Y el desafiante futuro cercano para las instituciones educacionales, será competir, además de con sus pares, con los institutos o universidades que crearán las grandes empresas multinacionales para formar sus propios ejecutivos y personal a la medida de sus necesidades, utilizando todos los recursos con que cuentan.
Es el momento que las organizaciones educacionales comiencen a fomentar el talento y la creatividad de sus equipos para seguir compitiendo.
Herman Bustos – Chile
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